lunes, 4 de abril de 2016

Clasificados y ¿Campeones del mundo?

Luego de ganarle a Ecuador y clasificar al mundial de Rusia por un milagro, y claramente por Messi, ya se le exige a la selección ser campeona en 2018.



Ya podemos respirar tranquilos, la selección clasifico y en nueve meses estaremos en Rusia soñando con jugar otra final del mundo, y si las cosas se dan más o menos bien, poder ganarla. Pero es solo un sueño, una fantasía, al igual que las tienen las otras treinta y un selecciones que participaran.

Sabemos que somos una sociedad exitista, una selección que disputa tres finales seguidas sería, seguramente, alabada en cualquier país lógico. En cambio para nosotros, los argentinos, estas derrotas fueron una deshonra. Quizás para algunos, que todavía son un poco razonables, esto que logro la selección fue más que meritorio. ¿Qué hubiera sido mejor? ¿Quedar afuera en cuartos de final o en semis? La verdad, no. Para perder finales, primero hay que alcanzarlas. Y no solo fue una final, si no que fueron tres, cuando lo complicado no es llegar, si no mantenerse. Pero los argentinos somos así, no podemos aplaudir a otro argentino, solo debemos criticarlo y reprocharlo.

Decía más arriba que todo sería distinto si fuéramos un país lógico, pero no lo somos. Minutos después de ganarle a Ecuador y clasificar al mundial de manera agónica, los mismos que criticaban hasta al utilero, ahora son hinchas fanáticos de Messi y compañía, y los obligan a colgarse la medalla de oro en Rusia, ¿¡Pero será posible!? Antes de la última fecha de las eliminatorias éramos un desastre, que “no merecíamos ir al mundial”, pero luego de ganarle a Ecuador ya somos campeones del mundo. Así, sin escala. Hasta el mismo presidente de la AFA, 5 días después de ganarle a Ecuador, se sentó en el programa de Susana Giménez y la obligo, confiado y soberbiamente, a comprar los boletos del mundial hasta la final porque, “Vamos a salir campeones”.

No aprendemos más, no nos alcanza con haber tenido que esperar hasta el último partido de las eliminatorias para saber si íbamos a Rusia, que ahora el equipo ya tiene la obligación de pelear el mundial. Es verdad, líneas más arriba recordaba que en las últimas tres competiciones que participo la selección termino en segundo puesto, eso quiere decir que hay potencial para conseguir la tercer estrella. Pero para lograrlo hay que entender que la supuesta superioridad moral, o deportiva, que caracteriza al argentino, en la selección, se convierte en lo contrario; Que el fútbol no deja de ser un deporte en cual se enfrentan 11 vs 11 y que perder es únicamente uno más de los tres resultados finales posible. Salir segundo no es un fracaso, ni tampoco te convierte en “el primero de los perdedores” como muchas veces se escuchó a decir a deportistas, entrenadores, periodistas, etc. Y allí es cuando empieza a jugar el pecado de la soberbia. De pensar que sólo sirven los que ganan y que los que pierden son una manga de inútiles o fracasados.

¿Cuántos de nosotros hemos sido campeones de algo en la vida? En el trabajo, en el colegio, en la universidad o en la misma vida, nadie ha ganado siempre. Pero a los futbolistas los obligamos a ser perfectos y no aceptamos que pierdan, como si quisiéramos transferirles nuestras decepciones diarias. Todos ganamos, perdemos y hasta empatamos en la vida. Pero todo va más allá de eso si al finalizar sabemos que dimos todo con dignidad; allí no habrá nada para reprocharnos. Si vas a ser deportista tienes que estar preparado y saber que, seguramente, vas a perder más veces de las que vas a ganar.

Las chances están, el potencial existe y los recursos habitan. Si queremos que esta selección logre, de una vez por todas, traer la copa del mundo al país tendremos que aceptar que no somos los mejores, que Messi solo no puede y que todo depende de cómo se trabaje de aquí en más. Y luego lo que suceda será cuestión de valorarlo, sin olvidar que estamos hablando de un deporte donde lo más importante es intentarlo una y otra vez dándolo todo al máximo y no una victoria.